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VENERABLE HESIQUIO, TAUMATURGO DE MAIONOS

conmemorado el 06 de marzo.


El Venerable Hesiquio Taumaturgo, Hombre de Dios, fue criado en la piedad desde la temprana infancia. Repudió los apegos terrenos y se convirtió en morada del Espíritu Santo porque deseaba el gozo de la Sión Celestial. Por tal razón se retiró de su tierra natal, llamada Andrapa, y se dirigió a Galacia (antiguamente llamada Claudioupolis, hay quienes creen, cabe decir, que se trata de la ciudad comúnmente llamada Kastampolis), y se dirigió a los desiertos cerca del mar de Ardania, tal como Dios lo había ordenado en su espíritu. Concretamente viajó a la montaña de Maionos.

Cuando los demonios que moraban allí vieron al Santo, hicieron todo lo posible para engañarlo y alejarlo de ese lugar. Usaron a cierto Juan e Hilarión como sus instrumentos. A través de ellos, preguntaron al Santo dónde pensaba vivir. Cuando el Santo dijo que deseaba vivir en esa montaña, esos villanos respondieron así: “Hombre, no sabes lo duro que es éste lugar, es por eso que pides vivir en la muerte. Éste lugar es el lugar donde habita la naturaleza salvaje, con bestias y ladrones, y el que se queda aquí ni siquiera por un día vive”.

Cuando el divino padre escuchó esto, se puso pensativo y pensó en los rostros de aquellos que decían éstas cosas. Sabiendo por el poder perceptivo del Espíritu Santo que esos hombres estaban hablando y actuando en nombre de los demonios, expulsó a los demonios incorpóreos de sus cuerpos con el signo de la cruz y luego se dirigió a una de las laderas de esa montaña. Y habitó en ella, siguiendo a Dios que lo guiaba. Mientras el Santo vivió allí, cultivó la tierra tanto como pudo y con ésto la aprovechó para satisfacer sus necesidades básicas. Pero entonces llegaron las aves y se comieron sus cosechas.

Otra vez vinieron más aves y dañaron las frutas. Entonces, el Santo levantó los ojos al cielo y reprendió a los pájaros diciendo: “Alejaos de los monjes y no dañéis su labor”. Así, las aves oyeron la voz del Santo, y, como si lo dieran la razón, partieron y no aparecieron más en ese lugar.

Luego el Santo descendió a la parte baja de la montaña, donde encontró agua. Construyó una iglesia allí en nombre del Santo Apóstol Andrés y vivió en paz, orando al Señor.

Una vez, unos cristianos llevaron a su hija al Santo porque un demonio la atormentaba. Lo pidieron que la curara. Sin perder tiempo, la curó con la ayuda del Primer Llamado Apóstol y devolvió la joven sanada a sus padres. Cuando les dio a su hija, dijo éstas palabras proféticas a sus padres: “El Espíritu Santo me predijo ésto, que, después de que muera, éste lugar se convertirá en un retiro de humildes doncellas y con sus incesantes oraciones toda la compañía de demonios serán expulsados de aquí”. Éstas palabras del Santo pronto se cumplieron.

En otra ocasión, cuando el Santo salía de su celda, vio por la gracia divina a un granjero con unos bueyes frente a él, sacando un carro cargado. Uno de los bueyes tropezó y cayó al suelo. El carretero corrió para ayudarlo a levantarse, pero trabajó en vano. El buey se convirtió en una roca inerte y no pudo moverle de su lugar. El hombre estaba desconcertado y, sin saber qué hacer, se sentó, llenándose de lágrimas. Cuando Hesiquio lo vio, sintió lástima por su infortunio. Por lo tanto, caminó hacia el buey caído y, después de acariciar el cuello del animal, dijo: “Levántate, perezoso, y termina el resto del camino, para que el enemigo no te mate con un cuchillo”. Cuando el Santo dijo ésto e hizo la señal de la Santa Cruz sobre el buey, hizo que el animal se levantara y tirara del carro libremente. Cuando el carretero vio éste milagro, se admiró. Cayó al suelo y agradeció al Santo por levantar a su animal y por bendecir su camino.

Porque el bendito Hesiquio creció en virtud y trató de someter lo peor a lo mejor, es decir, el cuerpo al alma, fue hecho digno de hablar con los Santos Ángeles. Un Ángel del Señor vino y le dijo que partiría hacia el Señor en treinta días. El jubiloso mensaje alegró al Venerable Santo. Invitó a los hermanos a que vinieran con él y pronunció sus palabras finales, instando sobre ellos el temor al infierno, con lo que aterrorizó a todos. Alrededor de la medianoche, mientras el Santo seguía dando consejos a los hermanos, brilló una luz celestial. Entonces dijo: “Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y el hombre bendito se fue al cielo.

Los hermanos que allí permanecían enterraron piadosamente su cuerpo, que incluso fue venerado por los ángeles, y lo colocaron en un ataúd de piedra cerca de la puerta real de la iglesia. Durante el reinado de Constantino y su madre Irene, en el año 781, el obispo Teofilacto de Amasia retiró las santas reliquias del Santo Hesiquio y los llevó a Amasia, colocándolas en el lado derecho del Santuario, donde continúan siendo honradas por todos, aún hasta el día de hoy.



REFERENCIAS

La Ortodoxia es la Verdad. (2025). Venerable Hesiquio el Milagroso. Atenas, Grecia: https://laortodoxiaeslaverdad.blogspot.com

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